Próximo destino: Alkmaar. La fotografia como documento social.

© Alberto Honing

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“Son de opinión que no quede en Alchmaar ánima nacida que no pase por el cuchillo”, así de cruel el duque de Alba emprendía el asedio sobre la ciudad neerlandesa de Alkmaar durante La Guerra de los Ochenta Años. Pero Alkmaar no sólo resistió, forzó la retirada y retrasó el avance de las tropas de la corona de Felipe II al interior de Holanda, al grito de “¡van Alkmaar de victorie!”

La historia nos anticipa que estamos ante una ciudad con carácter y que merece la pena visitar. Y no sólo por su historia, sino porque es famosa por tener el Kaasmarkt, el mercado del queso más importante de Holanda, toda una atracción turística que se celebra cada viernes, entre el primer viernes de abril y el primero de septiembre.

Toda una oportunidad fotográfica para desperezarse del letargo hibernal y sacudir el polvo a nuestra cámara. ¿Te animas?

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Quesos que pesan entre 2 a 6 kilos, que llegan sobre barcazas por los canales, son “lanzados” a los mozos que esperan en carretillas de madera. Ataviados con uniformes del siglo XVII compuesto de pantalon y camisa blanca, un sombrero de paja con una cinta de color, los “veems” deben cargar los quesos en unos característicos bancales, donde hay sitio para al menos 80 quesos, hasta llevarlos a la plaza pública.

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Corretean con los bancales en parejas al unísono, porque la mejor manera de llevar tanto peso es … corriendo. Todo sincronizado, igual como el carillón con figuras animadas de guerreros del campanario del Waag, la Casa de Pesos, en donde este gremio desde hace más de trescientos años pesan sus quesos.

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Una oportunidad para tomar fotografías y que invita a un género como es la fotografía social, que se define como una rama dentro del gran género que es la fotografía documental.

La fotografía social es aquella que habla de lo cotidiano de las personas, describe las costumbres de un pueblo, un país, sus diversas clases sociales, las fiestas populares, sus trajes típicos, una mezcla de arte y documento de algo que está sucediendo, son documentos vivos que traspasan el tiempo y que contribuyen a dejar una huella, una prueba de la realidad siempre bajo el prisma personal del fotógrafo, porque como decía W. Eugene Smith “el foto periodista no puede tener más que un enfoque personal, le es imposible ser totalmente objetivo. Honesto si; objetivo no”

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Nuestra cámara es un instrumento perfecto para documentar acontecimientos pero también como un arma de denuncia social. Cualquier fotografía social puede ser un documento de su época pero para llegar a ser una fotografía documental tiene que haber un significado social, una implicación con el aspecto social con unas características propias, entre las cuales está la intención de comunicar un mensaje, de transmitir algo importante de nuestro mundo o sociedad para hacernos reflexionar, generalmente en un mundo deshumanizado.

Su estética puede parecer una instantánea y, paradójicamente, los fotógrafos que se dedican a este género de fotografía, además de poseer un dominio absoluto de la técnica, poseen una sensibilidad humana capaz de saber cual es el instante que contiene la esencia del tema y poder captarlo en la imagen, incluso no sólo anticiparse, sino de crearlo.

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Un precursor de la fotografía social fue Lewis Hine. Estudió sociología y descubrió que la cámara era una poderosa arma de denuncia social. Registró la llegada de los inmigrantes a Ellis Island en New York en los años anteriores a la I Guerra Mundial, fotografiando su vida, sus deplorables condiciones laborales y la explotación infantil.

El fotógrafo documentalista no es un esteta, es un narrador de historias, la belleza es secundaria, le interesa su valor de uso, comunicar un mensaje, la belleza es uno de los grandes peligros para la fotografía documental.

Una obra clásica que conviene tener en nuestra biblioteca es la de Robert Frank, Los americanos (1958), un buen ejemplo de fotografía documental. Y por citar a un autor contemporáneo: Sebastiau Salgado.

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Cuando el registro de un suceso tiene el propósito de ser difundido como noticia hablaríamos de otra rama dentro de la fotografía documental que es la fotografía periodística.
Si el documental tiene un compromiso con la realidad, el fotoperiodismo nace del encargo y la voluntad mediática de la difusión. La fotografía periodística tiene por objeto el registro de un hecho con un compromiso fidedigno.

La fotografía documental a pesar de abordar la realidad tiene una mayor elaboración en el tiempo con respecto a la investigación del tema abordado.

El fotoperiodismo contemporáneo es aquel que ya no compite con la televisión, ya no es el registro dramático que explotó con toda su fuerza en la II Guerra Mundial y más tarde en la cobertura de la guerra de Vietnam, el fotoperiodismo contemporáneo cubre la noticia desde el drama personal con una visión más intimista y humana. La noticia vista desde otro punto de vista.
Fueron maestros de este género Robert Capa, Henry Cartier-Bresson, David “Chim” Seymour y Werner Bischof, que crearon la agencia de noticias Magnum.

Otra vertiente de la fotografía documental es la fotografía humanista, que se basa en la esencia humana eterna. Registran con ternura y empatía las personas, lo banal, la rutina, las cosas simples de la vida. No se aprovechaban de los infortunios de otros sino de confraternizar con las personas. Se resume en la frase de W. Eugene Smith “Intento comprender antes de fotografiar, luego disparo con pasión lo que quiero fotografiar”. La fotografía humanista surge en la época de la Gran Depresión como consecuencia del crak de Wall Street. En Francia R.Doisneau y Brassai cimentaron un humanismo poético.

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Muchos son los autores que contribuyeron con su trabajo a documentar y denunciar acontecimientos, compartiendo una fidelidad social de la humanidad. Algunos autores son difíciles de limitar en un género porque muchas veces su trabajo nacía de un encargo periodístico y luego por su enfoque personal podría ser fotografía humanista, social o documental, un ejemplo claro es Henry Cartier-Bresson, que además de hacer foto periodismo se le considera un fotógrafo con un estilo humanista.

Mención especial requiere la Farm Security Administration (FSA) que fue un programa fotográfico que nació para documentar la vida rural norteamericana en la Gran Depresión. Fotógrafos comisionados por la FSA fueron Walker Evans y Dorothea Lange.

Algunas veces la fotografía documental se la vincula con el arte y en este sentido Walker Evans nos dice: “Cuando diga ‘documental’, sea prudente… Quizá se trate del estilo documental. Pero el arte no sirve de nada, mientras que el documento es útil. Por lo tanto, el arte no es jamás un documento, aunque pueda adoptar su estilo (documental?). Eso es lo que hago. Se me califica de fotógrafo documental, pero esto supone una distinción sutil”

Si llegaste hasta aquí, he conseguido una parte de mi objetivo. Espero que tu visita sea ilustrativa, amena y te estimule a tomar fotografías. Me presento: soy Alberto Honing. En este punto, se deduce que debería hablar de mí, de mis comienzos, de mi formación o de una experiencia laboral. Hablar de exposiciones o de concursos ganados. Quizá lo haga en otro momento, lo tendré en cuenta y lo anotaré para que no se me olvide. Mi única intención es, en primer orden, mostrar mis fotografías. Pero además, ofrecer tutoriales de cómo mejorar las fotografías. Explicar determinados conceptos nada claros para neófitos de la fotografía. Un lugar donde compilar otras web-sites importantes. Las novedades en el mundo de la fotografía, exposiciones y otras curiosidades. Un lugar donde divulgar mis experiencias y conocimientos y, un lugar donde, sobre todo, compartir esta gran afición, tan apasionante como preciada. Empecemos a trabajar.

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